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ISBN 978-607-8528-63-9

El ámbito económico y geopolítico

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A la confrontación política, económica y social —y hasta militar, en Corea de 1950 a 1953— que se dio al finalizar la Segunda Guerra Mundial entre el bloque Occidental encabezado por Estados Unidos y el bloque Oriental liderado por la Unión Soviética se le conoce como Guerra Fría, y duró hasta la disolución de la URSS en 1991. Sin embargo, poco después de 1945 la apuesta por el progreso en las exposiciones, en diversas regiones del mundo, sigue colocada en el desarrollo científico tecnológico y en los procesos de modernización, llevados tanto a la producción agrícola en el campo como a los espacios de producción industrial en las ciudades, a la vez que apunta a la conquista del espacio exterior.

La exposición de Bruselas en 1958 —que algunos llaman “La exposición de la paz”— está marcada por los grandes bloques que se conforman en torno a las nacientes potencias —un año después triunfaría la revolución cubana liderada por Fidel Castro—. La Unión Soviética exalta su poderío al dedicar gran parte de su pabellón al despliegue de modelos del primer satélite espacial, el Sputnik, lanzado con éxito el 4 de octubre de 1957 para orbitar alrededor de la Tierra y que se presume como una opción pacífica para la aplicación de los avances científicos. La batalla ideológica se juega tanto en el espacio terrestre como en el exterior, con una tecnología que muestra las posibilidades de mirar la Tierra desde afuera —lo que da lugar a la concepción del planeta como un elemento factible de ser observado y estudiado científicamente.

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El ámbito sociocultural

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En las exposiciones de este periodo el énfasis se orienta hacia la ciencia aplicada y al servicio de la industria; los artefactos tecnológicos cobran cada vez más importancia en el funcionamiento y operación de la vida cotidiana, en empresas y oficinas, y también en el ámbito doméstico, urbano y rural. La venta de futuro, con el consumo como práctica social privilegiada instalada en el horizonte, ha triunfado como elemento central de la propuesta de sentido iniciada en las exposiciones del periodo de entreguerras; la lógica estratégica de la posguerra responde a los objetivos de las corporaciones, como nuevos actores dominantes, reconfigurando el discurso, las materialidades y las prácticas articuladas en los dispositivos.

Estados Unidos difunde estratégicamente el slogan “The American way of life”, identificado en las décadas posteriores, en amplias regiones del mundo, con una forma de vida basada en las comodidades y el bienestar que puede obtenerse a través del consumo.

El presidente estadounidense Eisenhower insiste en incluir en Bruselas una exhibición con las máquinas de votación, para lo cual los diseñadores mezclan con creatividad la petición y la diversión de tal manera que los asistentes pueden votar por su artista favorito, por los presidentes más populares o por los músicos de moda. Estados Unidos exporta en su pabellón una forma de vida, una cultura de consumo y entretenimiento, en conjunto con una política exterior orientada a combatir la expansión del comunismo.

Los dispositivos, de acuerdo con Foucault, tienen la función de producir y preservar un orden, un orden en el poder y en el saber. Los dispositivos “exposiciones universales” transitan en sus objetivos centrales y en sus estrategias: de la visibilización de un futuro incuestionable y promisorio (la comunicación del progreso) al ocultamiento de la ausencia de futuro (la comunicación de la armonía). Esta aseveración, referida a los momentos de reajuste de los dispositivos desde sus orígenes hasta el presente, y en relación con los ejes analíticos de la investigación, sintetiza lo que se aborda para algunos aspectos de la trasformación en la constitución —la urgencia y los objetivos estratégicos— y la configuración de los dispositivos —la lógica estratégica—. Se muestra cómo las exposiciones incorporan selectivamente preocupaciones, dilemas y hallazgos del momento histórico en que se realizan, para proponer horizontes de futuro y modelos de mundo imaginados, orientados por la visión de los actores dominantes del momento, cuya escenificación final es producto de múltiples procesos de negociación y disputa simbólica.

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La ciencia, la tecnología y las artes

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El sueño del futuro y de la paz entre las naciones se coloca en la ciencia aplicada a la tecnología, en la conquista del espacio y en la energía atómica. El vínculo entre arte, ciencia y corporaciones está bien representado en el pabellón de Philips en Bruselas, diseñado por el arquitecto Le Corbusier con una innovadora propuesta con fundamentos matemáticos; el edificio se hace de paraboloides hiperbólicos, complementado por el “poema electrónico” de Edgar Varése y la composición algorítmica del músico y arquitecto Xenakis, dando lugar a una obra “electroacústica” sin precedentes. En la distribución espacial de la exposición se distingue una gran zona de corporaciones, otra para los organismos internacionales y la de las naciones.

El conocimiento científico sigue siendo el sustento legítimo para los avances tecnológicos y su aplicación en diversas esferas de la vida pública y doméstica: la exhibición Átomos al servicio de la comunidad invita a los visitantes, a través de manos mecánicas, a manipular una muestra radioactiva, junto a una gallina que consume comida irradiada que supuestamente mejora la salud y fortaleza del animal e incrementa la calidad de sus huevos. La naciente tecnología computacional la lleva la compañía IBM y su enorme computadora RAMAC, la primera con disco duro magnético, que responde preguntas históricas en diez idiomas; junto a ella se instala un estudio de televisión, con los primeros aparatos a color.

En las primeras exposiciones de la posguerra se mantiene la visibilización y representación de un modelo de relación con la naturaleza basado en los supuestos de una dominación ya conseguida desde el periodo de entreguerras, con grandes avances en la producción y obtención de materiales novedosos y en el conocimiento de la estructura de la materia en el nivel subatómico. El espectro de la bomba nuclear y sus trágicas consecuencias parecen haberse ocultado con éxito a través del enorme modelo del átomo de cristal de hierro representado en el Atomium del 58. Más allá de las preocupaciones veladas —y a la vez exhibidas— a través de este símbolo, no hay evidencias en las exposiciones de este periodo que muestren algún tipo de asociación entre las formas y los procesos de producción y extracción, la obtención de nuevos materiales o el desarrollo de tecnologías y productos, con posibles impactos nocivos en la naturaleza. Más bien, en el caso de Nueva York 1964 surgen las posibilidades de dominación y control total mediante el desarrollo de tecnologías poderosas sobre los espacios naturales que se han resistido.

La ecología, nacida como rama de la biología que se ocupa de la optimización de las relaciones entre los seres vivos y su entorno, se orienta a hacer más eficiente el uso y explotación de los recursos naturales para la producción. La planeación científica de la naturaleza a través de la ecología se incorpora al ámbito de la legitimación de acciones y prácticas a través de la ciencia, dando lugar al acercamiento de los científicos ecólogos con los movimientos de preservación de la vida salvaje y el campo, sobre todo para apoyar en la normatividad sobre la creación de reservas naturales —tendencia que lleva a un modelo de naturaleza protegida, aislada y confinada en lugares específicos, que no son ya ni campo ni ciudad.

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Las instituciones

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La primera gran exposición universal reconocida por el BIE después de la Segunda Guerra Mundial es la de Bruselas en 1958. Bruselas se convierte en la capital de Europa luego de la firma del Tratado de Roma en 1957 que da lugar a la creación de la Comunidad Económica Europea, cuya sede, junto con la de la OTAN y la Euroatom, está en esa ciudad. El Atomium es el símbolo diseñado para representar el objetivo de promover los usos pacíficos de la energía atómica y un “nuevo humanismo” que favorezca la construcción de mejores relaciones internacionales. Para las naciones participantes es importante reconstruir su imagen a partir de la reconfiguración mundial resultante de la guerra.

La presencia de Estados Unidos en esta exposición se dedica a demostrar el cumplimiento de las promesas de futuro formuladas en 1939 en la feria de Nueva York; para conseguirlo conforma un equipo especial que colabora en su participación, integrado por funcionarios del gobierno, miembros de la United States Information Agency (USIA), así como de empresas y corporaciones, y un grupo de asesores científicos del prestigiado Massachusetts Institute of Technology (MIT), que ya había brindado asesoría en Nueva York 1939.

Movimientos sociales

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En los años sesenta se ubican los primeros movimientos sociales contra el sistema, que proclaman críticas a la desigualdad social y a la alienación, y se manifiestan las inquietudes en torno a la relación de explotación y abuso de la sociedad sobre la naturaleza. Hay evidencias de los riesgos asociados a la energía nuclear, al petróleo y los pesticidas, así como de la contaminación generada por las emisiones de fábricas y vehículos. Una de las obras detonadoras de la conciencia de estos asuntos como problemas mundiales es La primavera silenciosa, de Rachel Carson (1962), uno de los trabajos iniciales de divulgación científica enfocados al despertar de la responsabilidad sobre las implicaciones de las intervenciones humanas en el espacio natural, y a formular una crítica a la idea del control y conquista de la naturaleza.

La irrupción del medioambiente como objeto discursivo en la exposición de Spokane 1974 parecería espontánea o gratuita si no se indaga en el escenario mundial de las décadas de los sesenta y principios de los setenta, desde la presencia de otras voces en el espacio público, que aún no llegan al espacio de las exposiciones y que arribarían después de un largo recorrido de disputas simbólicas por la definición del significado de lo medioambiental.

Así, se empieza a tomar conciencia de las proporciones globales de los resultados de la contaminación y se vincula a los valores dominantes de la modernización y el progreso tecnológico. La polución y los efectos irreversibles de la bomba atómica no entienden de fronteras, y resulta evidente que se trata de la supervivencia de la humanidad. La inminencia de una crisis ambiental se refleja en la irracionalidad ecológica de los patrones dominantes de producción y consumo. Los primeros movimientos en torno a estos problemas surgen vinculados a movimientos sociales emergentes en los años sesenta, como los pacifistas y las feministas, que proponen una nueva forma de entender el mundo ejerciendo una fuerte crítica al sistema dominante. Se transita de la preocupación por la naturaleza hacia una visión que incorpora una crítica a las acciones de las sociedades humanas y sus implicaciones nocivas para el ambiente, asociadas con factores de orden económico y político. Se empiezan a reconocer las relaciones de interdependencia entre las sociedades humanas y su entorno, que incluye a los seres vivos y al medio, lo que da lugar al desarrollo paulatino del concepto más abarcador de medioambiente y de su uso como objeto discursivo en sustitución del concepto más restrictivo de naturaleza.

La fundación de la Environmental Defense Fund en 1967 es considerada un hito en el ambientalismo a escala mundial; es la primera organización ambientalista de defensa del medioambiente por estudiosos y abogados. Ante las evidencias del daño del DDT en algunas especies de animales y plantas, y en la salud de los humanos, un grupo de científicos en Long Island hace recomendaciones a los granjeros que lo utilizan y a las compañías que los producen. Al no ser escuchados en repetidas ocasiones, deciden contratar abogados para preparar y llevar el asunto ante los tribunales, que es presentado como el primer caso de “defensa al medioambiente”. De ahí surge la fundación, que tiene una importante incidencia en el suceso en particular y en la generación de acciones posteriores, inclusive en el ámbito de la política local y nacional para la prohibición del uso de pesticidas.

En Inglaterra destaca la aparición de Friends of the Earth, creado por el exdirector de Sierra Club en 1969, quien se radicaliza y rompe con la institución, tradicionalmente preocupada desde su fundación en 1892 por asuntos de conservación de especies y paisajes naturales. Una de las claves para comprender la especificidad de los nuevos movimientos radica en su crítica a las prácticas sociales dañinas y destructivas del medio y en las formas novedosas de realizar sus campañas, a través de expresiones artísticas, incursiones mediáticas y acciones en el espacio público, así como en su acercamiento a grupos de jóvenes. Friends of the Earth lleva el activismo del movimiento estudiantil de protesta al ámbito de las políticas del medioambiente.

La celebración del Día de la Tierra en 1970 es considerada la consagración oficial del nacimiento de un nuevo movimiento, el ambientalismo. El acto convoca a más de 20 millones de personas —en campus universitarios de Estados Unidos, primero, y después en todo el mundo—, haciendo evidente la presencia del problema medioambiental en el espacio público y su constitución como crisis de alcance global. Las repercusiones del acto multitudinario tienen lugar en la creación de organizaciones ecologistas a escala mundial, como Greenpeace en 1971, así como acciones de institucionalización de los gobiernos de algunos países y de organismos internacionales, particularmente la ONU y sus agencias.

Después de la primera celebración del Día de la Tierra un grupo de intelectuales, científicos y hombres de negocios constituido en el Club de Roma realiza un estudio sobre el estado actual del planeta, del que deriva el informe “Los límites del crecimiento” (1972), el cual se centra en la viabilidad de mantener un ritmo y estilo de vida en todo el mundo y la capacidad del planeta para soportarlo. Se basa en modelos matemáticos desarrollados por científicos del MIT y desempeña un papel muy importante en la colocación del debate sobre los límites físicos, sociales, políticos e institucionales a escala mundial y, además, en la difusión pública de la tesis del “crecimiento cero” de factores poblacionales, productivos y tecnológicos, así como de la posible solución a la situación crítica en que se encontraría el planeta en pocos años. Cuestiona las soluciones tecnológicas, inserta la crítica a la idea de progreso e inaugura el discurso de la crisis total y global. Marca las bases para el largo proceso de institucionalización del problema ambiental, cuyo punto de inicio oficial se ubica en la Primera Conferencia sobre el Medio Humano, convocada por la ONU y celebrada en Estocolmo en 1972.

La Primera Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano, o Primera Cumbre Mundial de la Tierra, tiene como base el reporte previo llamado Informe Founex sobre el Desarrollo y el Medioambiente, cuyos puntos centrales privilegian el modelo de desarrollo vigente y hacen depender la conservación ambiental del desarrollo global. En paralelo a la cita oficial se realiza también en Estocolmo una reunión alternativa, el Environmental Forum, con intenciones y propuestas que pugnan por adaptar las actividades humanas a las exigencias “objetivas del orden natural”, antes que doblegar este orden establecido a la necesidades del hombre.

Como resultado de la reunión de Estocolmo se crea en 1972 el Programa de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente (PNUMA o UNEP) y se proclama la “Declaración sobre el Medio Humano”, donde se declara el derecho humano al medioambiente, el cual se reconoce de manera oficial como un fenómeno problemático de orden global. Prepara el terreno para el surgimiento del discurso del desarrollo sostenible, formulado por primera vez en el Informe Brundtland de 1986, que a su vez da lugar a un proceso de conversión de lo problemático en autoevidente y en todo lo asociado con lo ecológico o medioambiental como equivalente y con connotaciones inherentemente benéficas. Aspectos que redundan a mediano plazo en la naturalización de la problemática ambiental, y a los esfuerzos por su homogeneización, llevando a la colocación de todos los movimientos ecologistas en una misma categoría, en aparente convivencia no problemática con los discursos institucionales, convocados por un conjunto de preocupaciones supuestamente compartidas y compatibles en torno a el medioambiente. Proceso al que pronto se suman, con un discurso centrado en la innovación tecno–científica y orientado a la mercantilización y el consumo de lo ecológico las grandes corporaciones trasnacionales y multinacionales.

En el ámbito de las acciones de institucionalización del ambiente destaca la publicación del PNUMA de la Carta Mundial de la Naturaleza en 1982. La ONU crea en 1983 la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, y encarga la elaboración de un programa en el que se propongan estrategias, acciones y programas medioambientales para alcanzar un desarrollo sostenible. El resultado del trabajo de la Comisión es el Informe Brundtland, también conocido como Nuestro futuro común. El resultado más trascendente del documento es el polémico concepto de desarrollo sostenible (sustentable); inaugura el discurso del desarrollo sostenible y de la crisis total. Uno de los fundamentos de las propuestas y resultados del informe es el reconocimiento de la interdependencia entre ecología y economía, a partir de lo que se refuerza la situación de la naturaleza como mercancía. Se sustituye la idea del crecimiento cero formulada en los informes del Club de Roma por “una nueva era de crecimiento”. La crisis ambiental se sitúa como el enemigo común y omnipresente de las sociedades humanas. El discurso alternativo del eco–desarrollo se diluye y es sustituido estratégicamente por el del desarrollo sostenible.

En 1973 la crisis energética mundial se manifiesta en reflexiones de muy diversa índole, en particular se empieza a pensar en otras fuentes de energía diferentes a las derivadas del petróleo. Exxon anuncia en 1974 su interés por desarrollar tecnología para proporcionar nueva energía y por perfeccionar las formas de obtención del hidrocarburo con sustancias químicas inyectadas en los yacimientos. En las preocupaciones por la crisis energética no hay todavía vinculación a las consecuencias en la degradación ambiental. En 1974 se instala un debate entre las compañías madereras y los defensores de los bosques, entre ellos Sierra Club, en el que se argumenta sobre la conveniencia de seguir utilizando madera en lugar de materiales no renovables, con políticas de reforestación controlada, versus la demanda de los ambientalistas de proteger la floresta y considerar su importancia para la conservación del paisaje, más allá de su función en la satisfacción de necesidades prácticas.

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Las ferias, de Bruselas a Spokane

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Bruselas 1958. Por primera vez hay un pabellón de la ONU en una exposición universal, junto al del European Council, el de la European Community for Coats and Steel y el de Cooperación Internacional. Los dos pabellones más grandes de esa exposición son el de la Unión Soviética y el de Estados Unidos, situados uno enfrente del otro. Los avances científicos tienen su espacio en el pabellón de la ciencia y se exhibe por primera vez un planetario, en la vertiente de la popularización de la ciencia en las exposiciones, siguiendo la línea propuesta en París 1937. El sueño del futuro, de la paz y la reconciliación entre las naciones se coloca en la ciencia aplicada a la tecnología, en la conquista del espacio y en la energía atómica.

En la World’s Fair de 1964 en Nueva York, General Motors presenta Futurama II. La exhibición exalta la penetración humana en la selva tropical y su consecuente trasformación, a través de una máquina gigante que arrasa con la vegetación y la sustituye con pavimento en un proceso continuo, llevando el progreso y la prosperidad a las profundidades del mundo tropical.

La exposición de Montreal en 1967, Man and His World, exalta el ingenio humano expresado en los desarrollos tecnológicos, es la entrada en escena de Canadá al mundo de la modernización y el acento está en el futuro —la utopía que se alcanzaría a través de la ciencia y la tecnología.

Osaka 1970. “Progreso y Armonía para la Humanidad” se caracteriza por ser la de mayor afluencia en la historia de las exposiciones hasta ese momento, con un total de 64 millones de visitantes en los seis meses que dura abierta al público. El lema tiene una fuerte influencia del pensamiento oriental dirigido a la integración armónica de Oriente y Occidente. Es la primera exposición en la que se vinculan discursivamente el progreso y la armonía, con el objetivo preciso de establecer una relación explícita entre las culturas orientales y occidentales, tanto en el lema como en la propuesta espacial y de contenidos. Los pabellones más grandes y destacados son, otra vez, los de la Unión Soviética y Estados Unidos; ambos países resaltan el tema de la carrera espacial y el desarrollo científico y tecnológico asociado.

Las visiones de futuro se distribuyen por todos los pabellones: en tecnologías de comunicación destacan los “teléfonos soñados”, aparatos portátiles, sin cables, con los que se podría llamar a cualquier parte del país; el de Furukawa presenta la innovación de las compras sin dinero realizadas a través del reconocimiento de la voz de los consumidores. Las compañías japonesas Matsushita (hoy Panasonic) y Mainichi conciben en 1967 el proyecto de la “Cápsula del tiempo”, que desarrollan durante cuatro años y exhiben en el pabellón de Japón. En el interior de la cápsula los contenidos se acomodan en los compartimentos de una gran vasija, que a su vez corresponden a ciertas categorías de clasificación: ciencias naturales, ciencias sociales, artes y miscelánea. Se incluyen diversos tipos de avances tecnológicos, como naves espaciales y cirugías de corazón, así como evidencias de los bombardeos de Hiroshima y una lista de especies animales en peligro de extinción. En los etiquetados como “ciencias naturales” figuran, entre otras muchas cosas, diversos elementos sintéticos, plásticos y materiales de nueva creación; químicos y fertilizantes agrícolas, también componentes y equipo electrónico. La vasija se coloca en un receptáculo de plutonio que es enterrado al pie del templo de Osaka. El proyecto de la cápsula, diseñada y construida rigurosamente, con todo lo depositado esterilizado y empacado con métodos científicos, es evidencia de la preocupación por la preservación del tiempo: el pasado y el presente se ofrecerían al futuro mediante una cuidadosa selección de elementos representativos de los intereses y el estado del conocimiento del momento.

Spokane 1974. En esta pequeña ciudad del noroeste de Estados Unidos se realiza la primera exposición dedicada al tema del ambiente: Celebrating Tomorrow’s Fresh, New Environment. La expo del 74 es apenas la primera evidencia en el ámbito de las ferias de una señal de alerta que atienden los gobiernos y corporaciones, no para instalar el discurso del conflicto desde las perspectivas de quienes lo han colocado en el espacio público, sino para reconfigurarlo, matizarlo y finalmente institucionalizarlo. Los antecedentes de estas disputas y procesos de reconfiguración del discurso sobre la relación sociedad y naturaleza remiten a diversos ámbitos discursivos, en particular, el de los movimientos conservacionistas y preservacionistas del siglo XIX, por un lado, y en paralelo, al surgimiento, discreto y acotado, de una vertiente de la biología que a la vuelta del siglo XX se coloca como referente central de cualquier discurso medioambiental. “Creemos que el universo es un gran diseño en el cual el hombre y la naturaleza son uno mismo”, rezaba el credo de la Expo Spokane 74.

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