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ISBN 978-607-8528-63-9

El ámbito económico y geopolítico

En la segunda mitad del siglo XIX y la primera década del siglo XX se gesta y se consolida un modo de producción asociado al capitalismo, a la ética protestante —el trabajo y el esfuerzo como un bien y un valor fundamental— y a la configuración geopolítica de los imperios y sus colonias. El orden mundial se sustenta en la utopía progresista, que se legitima por medio del conocimiento científico y la innovación tecnológica. Europa domina gran parte del mundo y Estados Unidos emerge como una potencia económica y militar.

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El incipiente desarrollo de tecnologías de difusión y comunicación, y su configuración en redes técnicas durante el siglo XIX, son el soporte material para la constitución de un discurso dominante sobre las relaciones entre una sociedad industrial colonialista y un modelo de naturaleza —a la que se puede controlar y modificar mediante la ciencia y la tecnología— que se construye desde las naciones colonialistas, y que instaura y difunde formas de saber y dominación legítimas. Un discurso que desarrolla estrategias de difusión y diseña espacios para la celebración del orden mundial basado en el progreso, en oposición a lo virgen, lo salvaje y la vida en las colonias.

Estados Unidos atraviesa por una depresión económica en medio de la tensión entre la “vieja América” eminentemente agrícola y la emergencia gradual de la nueva, la de la industrialización acelerada y la urbanización. Los granjeros se encuentran sometidos a procesos de adaptación acelerados, el industrialismo está trasformando sus formas de producción y de inserción en la economía del país. La expansión ferroviaria permite un tránsito acelerado de mercancías que no tiene precedente en la historia. En los cuatro años que dura la depresión quiebran más de 15 mil negocios, cierran 600 bancos, 50 empresas ferroviarias se declaran insolventes y alrededor de 2.5 millones de estadounidense quedan desempleados.

El ámbito sociocultural

La Revolución Industrial se caracteriza por el conjunto de trasformaciones técnicas y económicas que propician la sustitución de la energía física por la energía mecánica de las máquinas, así como por el cambio de la producción manufacturera por la fabril en el proceso de producción capitalista. Entre los factores que originan el proceso de industrialización se encuentran la revolución comercial en Europa, la acumulación de capital y la aparición de máquinas avanzadas, entre las cuales destacan la máquina de vapor, el telar mecánico y las máquinas de hilar, que desde fines del siglo XVIII y hasta 1840 y aún más allá revolucionan las técnicas de producción. La Revolución Industrial se desarrolla primero en Inglaterra y luego se difunde en el continente europeo, dando paso a una economía de carácter urbano, industrializada y mecanizada. El vapor, la electricidad y el petróleo son las nuevas fuentes de energía.

La naturaleza

La naturaleza como objeto de pensamiento y conocimiento se configura y se trasforma de acuerdo con los tipos de saber en cada época; las relaciones que se establecen entre el ser humano y la naturaleza corresponden a estas formas, mutables en tiempo y espacio, de concebirla, pensarla y conocerla.

La historización y la cientifización de la naturaleza son elementos decisivos para comprender la forma en que las sociedades industriales la conciben, como un conjunto de fuerzas que deben ser dominadas y sometidas y, a la vez, como una fuente de recursos por incorporarse y trasformarse en los procesos productivos.

La ciencia y la tecnología

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La ciencia moderna adquiere el papel de conocimiento legítimo durante finales del siglo XVII y el siglo XVIII, con la consolidación de las primeras teorías, el desarrollo de las matemáticas como lenguaje de fundamentación de las ciencias y los primeros desarrollos tecnológicos basados en los descubrimientos, en un entorno de conflicto político y disputa por la legitimidad del saber. Los científicos, los jardines botánicos y los observatorios astronómicos, las asociaciones científicas, junto con los incipientes laboratorios y espacios dedicados a la investigación se constituyen en grupos de élite: su creciente complejidad y especialización, y la posibilidad cada vez más evidente de dar respuestas a fenómenos naturales y de resolver problemáticas asociadas al dominio y el control de la naturaleza los coloca en una posición de autoridad simbólica que va adquiriendo diferentes dimensiones en el trascurso de los siglos.

En el siglo XIX la Revolución Industrial y la consolidación de las disciplinas científicas dan lugar a la asociación de la ciencia y la tecnología con los conceptos de progreso y civilización. La tecnología se asocia al desarrollo científico como la posibilidad de trasformar el entorno, el ser humano y las relaciones entre ambos.

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Fotografía cortesía University Archives & Special Collections, Paul V. Galvin Library, Illinois Institute of Technology.

Fotografía cortesía University Archives & Special Collections, Paul V. Galvin Library, Illinois Institute of Technology.

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Durante la primera mitad del siglo XX el desarrollo tecnológico y su expansión a escala casi mundial contribuye a la configuración de un discurso dominante que promueve una percepción generalizada de la ciencia y sus aplicaciones como motores del desarrollo social, generadoras de civilización, además de productoras de consenso racional.

Las investigaciones y reflexiones sobre la naturaleza culminan en la teoría del origen de la vida y de la evolución de Darwin y en descubrimientos en el ámbito de la paleontología y la geología. Se establece la cientifización de la naturaleza, la posibilidad de comprenderla, intervenirla y modificarla a partir de su conocimiento como objeto científico. Las extrapolaciones de este pensamiento hacia el ámbito de la política se realizan en el enlace entre darwinismo y progreso, la justificación científica de la colonización y el sometimiento de extensas regiones geográficas por parte de los europeos se encuentran en la necesidad de la incorporación de sus habitantes primitivos e inferiores en la ruta hacia el progreso. En ese momento histórico se pueden hacer compatibles las ideas derivadas de las múltiples interpretaciones de la teoría de la evolución —los darwinismos— con la idea central de que la humanidad —blanca, desde luego— está predestinada por Dios a dominar la Tierra. (Véase Del progreso a la armonía, p. 51).

En este contexto de resignificación de la naturaleza y su relación con el ser humano se localiza el surgimiento de la ecología como ciencia incipiente, vinculada a la biología y al espacio físico. El término oecologie, acuñado en 1866 por Ernst Haeckel, discípulo de Darwin, denota el estudio de las interacciones de los organismos con el mundo exterior. En sus orígenes lo que preocupa a los ecólogos no es el cuidado y la preservación de la naturaleza o del medio, ni siquiera la atención a la conservación o la armonía con el entorno; son las relaciones de los seres vivos entre sí y con el medio su objeto central de estudio, aunque orientado en gran medida a encontrar formas eficientes de explotar la naturaleza en beneficio de los grupos humanos que ahora deciden los destinos de la humanidad.

Los primeros ecólogos intentan ser científicos reduccionistas, oponiéndose a la visión idealista de las generaciones anteriores de naturalistas, ahora tienen una visión del mundo estática, desvinculada aún de los principios biogeográficos de mutua incidencia que propone la teoría evolucionista, por lo que las interacciones entre el medio y las poblaciones —el “equilibrio de la naturaleza”— no se ve desde su perspectiva como algo en cambio permanente. La evidencia mostrada por Darwin sobre las presiones que cualquier población sufre debido a la limitación de los recursos modifica a la larga la concepción del equilibrio de la naturaleza como algo estático.

En la segunda mitad del siglo XIX se realizan avances sin precedentes en el ámbito de las ciencias. Como resultado de los debates y corrientes al interior de la filosofía natural se desarrollan teorías que explican, por ejemplo, las relaciones entre calor y trabajo, se traslada el principio explicativo del concepto de fuerza al de energía, culminando en la formulación del principio de conservación de energía. La física empieza a adquirir el estatus de ciencia independiente, es el fin de la filosofía natural y el principio de la física como disciplina con identidad profesional. Sus aplicaciones en el desarrollo de maquinaria y en los procesos productivos establecen asociaciones directas de esta ciencia con el progreso industrial, lo que contribuirá de manera contundente a la construcción de la relación ciencia–tecnología–progreso distintiva del proyecto de la modernidad.

Primeros museos y colecciones

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Las primeras colecciones científicas de objetos de la naturaleza, como la de la Royal Society en Londres, establecida en 1660, no están destinadas a la exhibición pública sino a apoyar investigaciones especializadas. Los museos en general y los museos de ciencia en particular se vinculan desde su origen a la conformación de los Estados–nación como una de las tecnologías de la cultura y el conocimiento que constituyen a la modernidad, símbolos de identidad y progreso y espacios de educación ciudadana. Las exposiciones universales, a partir de la segunda mitad del siglo XIX, trascienden el ámbito de los museos locales al exhibir en un espacio de concurrencia internacional los avances científicos y tecnológicos de cada nación, como vehículos para mostrar visiones del mundo y proyectos de mundo.

Instituto Smithsoniano

En 1829 el inglés James Smithson donó más de medio millón de dólares al gobierno de Estados Unidos para crear un instituto “para el incremento y la difusión del conocimiento entre los hombres”, así se fundó el Instituto Smithsoniano, un complejo de museos y centros para la investigación científica, la exploración y la difusión de la ciencia y el arte. G. Brown Goode, asesor de varias exposiciones para este instituto, trasforma el papel de los museos en el siglo XIX y la forma de organizar, clasificar y presentar las exhibiciones en la expo de Chicago de 1893; según plantea en su “First Draft of a System of Classification for the World’s Columbian Exposition”, los museos deben “ilustrar los pasos del progreso de la civilización y sus artes en los siglos venideros, y en todas las tierras en el momento presente”.

Londres, 1851: The Great Exhibition of the Works of Industry of All Nations

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La primera gran exposición universal se inaugura en Londres el 1 de mayo de 1851: The Great Exhibition of the Works of Industry of All Nations, en el inmenso Crystal Palace de Hyde Park, diseñado por Joseph Pantox y Charles Fox, con una duración de cinco meses y medio y seis millones de visitantes.

La Exposición de Londres difunde el conocimiento universal y congrega a todas las naciones, exhibe los grandes beneficios y promesas de la modernización para el mundo entero, y coloca en el escenario internacional el desarrollo científico y tecnológico para la dominación de la naturaleza.

Es el comienzo de la historia de un evento que ha mantenido su presencia a través de más de 160 años, que nace como escenario privilegiado para el gran relato de la modernidad y que se desarrolla con rupturas y discontinuidades, con despliegues espectaculares y grandes dispendios, dando lugar a la representación creativa y majestuosa, contradictoria y controvertida, de proyectos de mundo y de nación, de conflictivas relaciones de poder y dominación, de cosmovisiones dominantes y de formas de conocimiento, control y trasformación del orbe.

El Palacio de Cristal contaba con más de 13,000 espacios de exhibición, la mitad de los cuales fueron para la Gran Bretaña y la otra para los países invitados. Se mostraron más de 100,000 objetos, desde locomotoras, barcos de vapor, máquinas de todo tipo, la cámara fotográfica de Daguerre, diamantes pulidos a mano, telas y hasta puros.

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Fotografía cortesía University Archives & Special Collections, Paul V. Galvin Library, Illinois Institute of Technology.

Fotografía cortesía University Archives & Special Collections, Paul V. Galvin Library, Illinois Institute of Technology.

Chicago, 1893, World’s Columbian Exposition

Las exposiciones de finales del siglo XIX y principios del XX en Estados Unidos marcan la entrada del país en el proyecto de despliegue y exhibición de la imagen moderna del Nuevo Mundo, con su propia propuesta. El 1 de mayo de 1893 el presidente Grover Cleveland inaugura la World’s Columbian Exposition en la ciudad de Chicago, con un discurso que resalta la juventud de la nación americana, las habilidades y la inteligencia superior de sus pobladores de raza blanca y el dominio de la naturaleza en el camino hacia la civilización. Estados Unidos muestra con ella al mundo europeo el surgimiento y la consolidación de una nación moderna, con identidad propia y potencial para ingresar con éxito al mercado internacional. Al final del discurso, en una metáfora de la luz que America y su exposición darían al mundo, oprime la llave dorada que enciende los motores de la central eléctrica que iluminaría y “llenaría de magia” a toda la White City.

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Fotografía cortesía Brooklyn Museum Archives, Goodyear Archival Collection. Visual materials [6.1.016]: World’s Columbian Exposition lantern slides.

Fotografía cortesía Brooklyn Museum Archives, Goodyear Archival Collection. Visual materials [6.1.016]: World’s Columbian Exposition lantern slides.

Entre las fuerzas de la naturaleza dominadas por la inteligencia humana, la electricidad tiene un lugar privilegiado en el acto inaugural y a lo largo de las actividades y los espacios que constituyen el gran evento en el que confluyen “todas las naciones del mundo”. Ya en la Exposición Universal de París en 1889 la electricidad desempeña un papel importante en la iluminación de la Torre Eiffel y del recinto, pero es hasta Chicago 1893 cuando se colocan los avances científico–técnicos en la “ciencia de la electricidad” como objeto de exhibición: los grandes dínamos se exponen junto con múltiples aplicaciones, beneficios e inventos, en articulación intencionada con la magia que trasforma por la noche el espacio de la White City, maravillando a los visitantes y proponiendo una nueva forma de vida.

El desarrollo de la electricidad y más adelante del electromagnetismo tienen consecuencias en muchas escalas de la vida social, desde la trasformación de procesos de producción hasta la reconfiguración de la ciudad y la vida de sus habitantes. The Electricity Building, en la Exposición de Chicago en 1893, se dedica a la exhibición de los procesos y aparatos derivados del descubrimiento y desarrollo de la electricidad. La ciencia ordena, disciplina y conduce al progreso. Las estrategias para comunicarla integran a la vez los ideales del vínculo universal de la comunicación y el orden y disciplina que demanda el anhelo del progreso “de todas las naciones”.

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Fotografía cortesía University Archives & Special Collections, Paul V. Galvin Library, Illinois Institute of Technology.

Fotografía cortesía University Archives & Special Collections, Paul V. Galvin Library, Illinois Institute of Technology.

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La electricidad es una fuerza por conquistar y dominar; su comprensión desde la ciencia se traduce en trasformaciones radicales en las formas de vida del ser humano, en particular en el desarrollo de tecnologías que se aplicarían a procesos productivos, de extracción y manufactura, a procesos agrícolas, a la comunicación y el trasporte, a la iluminación y al desarrollo de artefactos domésticos que cambiarían la vida cotidiana.

Participan 51 países invitados y 39 de sus colonias.

El recinto se ubica en un terreno de 2.77 kilómetros cuadrados, el Jackson Park, modificado y adecuado para la construcción de la White City, conjunto de edificios, monumentos, lagos y una isla artificial especialmente diseñada para la exposición.

El principal atractivo de esta isla es parecer natural, y se aprecia la imitación de lo que se considera hecho por la naturaleza, tanto en relación con “sus lentos procesos” como en el producto final, “un efecto tan natural y real que sorprende escuchar que no es tal”.

Las dos áreas diferenciadas de la distribución espacial característica de las exposiciones del primer periodo se denominan White City y Midway. El espacio de la White City está constituido por 14 edificios principales y 200 edificios adicionales, para los estados norteamericanos y los países invitados. Los edificios más importantes están dedicados a la Manufactura y las Artes liberales, el Trasporte, la Electricidad, la Agricultura, Maquinaria, Antropología, Pesca, Bosques, Horticultura, y un edificio de la Mujer, diseñado por una arquitecta.

Hay 27.5 millones de visitantes, 21 millones con boleto pagado.

La Exposición de Chicago es sede de congresos científicos, en los que participan figuras de las ciencias y las artes de Estados Unidos, Europa y Latinoamérica. Se realizan 5,978 conferencias y presentaciones sobre El progreso de la mujer, Prensa pública, Medicina y cirugía, Templanza, Reforma moral y social, Comercio y finanzas, Música, Literatura, Educación, Ingeniería, Arte, Gobierno, General, Ciencia y filosofía, Ciencia social y económica, Trabajo, Religión, Descanso dominical, Salud pública, Agricultura.


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