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ISBN 978-607-8528-63-9

Ámbito económico y geopolítico

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Uno de los símbolos de la Guerra Fría, el Muro de Berlín, dividió a esta ciudad en la sección oriental, controlada por la República Democrática Alemana, y la occidental, por la República Federal Alemana, desde el 13 de agosto de 1961 hasta el 9 de noviembre de 1989. El muro se construyó para impedir las fugas masivas de la Alemania del Este hacia la parte occidental, y fue desmantelado la noche del 9 de noviembre de 1989, como consecuencia de las exigencias de libertad de circulación en la RDA. En la Unión Soviética el presidente Mijaíl Gorbachov inició un proceso de apertura política —la glasnost— y de reestructuración económica —la perestroika— con la finalidad de superar el estancamiento de la economía de lo que hasta entonces era un Estado totalitario de un solo partido. Las revoluciones de 1989 provocaron la caída de los Estados socialistas aliados a la Unión Soviética e incrementaron la presión sobre Gorbachov para instaurar un régimen democrático y la autonomía de las repúblicas de la URSS, que se disolvió el 25 de diciembre de 1991.

Durante los años ochenta y noventa se produjeron crisis económicas en países con economías fuertes —en los países nórdicos y en Japón— y en países en desarrollo, en las que se presentó un patrón general con algunas semejanzas: expansión económica, relajación del crédito y aumento del endeudamiento, aumento significativo del valor de los activos —con la creación de burbujas—, instauración de una política monetaria más restrictiva, caída en el precio de los activos y recesión económica. Durante la década de los noventa estallaron tres guerras: a la Guerra del Golfo de 1990–1991 le siguió una serie de conflictos en la antigua Yugoslavia, de 1991 a 1999, y la guerra de la Unión Soviética contra Afganistán, de 1978 a 1989, y de una coalición internacional liderada por Estados Unidos contra este país de 2001 a 2014.

En la década de los noventa el escenario económico internacional comienza a sufrir cambios importantes, cuando hace eclosión el fenómeno de la globalización, con cambios en las dinámicas de producción y en el comportamiento de los mercados en el plano mundial, con el desarrollo de la informática y procesos acelerados de modernización tecnológica; esto da paso a un nuevo orden económico internacional. Los países quedan más interconectados entre sí y, con nuevas reglas, el mercado mundial comienza a regular las relaciones comerciales entre ellos.

La burbuja inmobiliaria que estalla en 2008 en Estados Unidos es, según el economista Joseph Stiglitz, la visibilización de una conjunción de factores que venían gestando las crisis financiera y económica del 2010, y cuyos alcances son de orden global. La explicación de la crisis, propone, está en la desregulación de los mercados por parte del Estado, basada en el supuesto del funcionamiento perfecto de éstos.

La dinámica de la sociedad del riesgo no consiste tanto en asumir que en el futuro tendremos que vivir en un mundo lleno de riesgos inexistentes hasta hoy, como en asumir que tendremos que vivir en un mundo que deberá decidir su futuro en unas condiciones de inseguridad que él mismo habrá producido y fabricado (Ulrich Beck, 2008, ver referencia en Del Progreso a la Armonía ).

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Ámbito sociocultural

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La incorporación de exigencias genéricas mundiales relacionadas con el ambiente se instala en las sociedades modernas a partir de la segunda mitad del siglo XX, pasando a formar parte de declaraciones de derechos humanos y de programas específicos de organizaciones internacionales. El conflicto medioambiental contemporáneo, como problema de relación entre sociedades humanas y naturaleza, propone desafíos de diversa índole a las formas en que ha sido pensada esta relación en las condiciones históricas correspondientes al periodo identificado como modernidad. Desafíos de orden material y social vinculados al sistema económico capitalista, desafíos de orden simbólico relativos a la forma de percibir, representar y pensar a la naturaleza —y percibirse, representarse y pensarse en relación con ella— y desafíos de orden epistemológico en términos de las formas compartimentadas del conocimiento científico heredadas de la primera modernidad.

La irrupción del calentamiento global y el cambio climático como objetos discursivos en los diferentes escenarios que atienden a la problemática ambiental se produce a partir de los informes del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), desde los años noventa y especialmente desde los informes de 2003 y 2007, que muestran fuertes evidencias de los efectos antropogénicos en la modificación del clima y el aumento de temperatura a escala planetaria. El crecimiento económico continuo es esencial, en particular para reducir la pobreza en países en desarrollo y con las políticas correctas en vigencia puede ser compatible e incluso apoyar la calidad medioambiental. Sin embargo, dice un informe de la OECD de 2008, a menos de que se introduzcan políticas nuevas y ambiciosas “esperaríamos que las presiones en el medioambiente hasta el 2030 sean significativas, con repercusiones importantes para la salud de la economía”.

Los conceptos de civilización, problemas urbanos y ciudad se naturalizan y se uniformizan en el discurso, dando lugar a la posibilidad de plantear un conjunto de soluciones —ancladas en el desarrollo científico–tecnológico, formuladas por expertos en los campos de conocimiento especializado de los que abrevan estos discursos recontextualizadores de conceptos—, aunque están ausentes tanto los cuestionamientos al modelo económico global en que se encuentran insertas las ciudades como su régimen político específico.

Las ciencias

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Se cuestiona el papel de la ciencia y la tecnología, asociado en la primera modernidad al progreso y el desarrollo no sólo económico sino también social y cultural de las naciones. Diversas investigaciones tanto en ciencias naturales como sociales proponen su asociación al deterioro ambiental y a la generación de riesgos globales ambientales, lo que da lugar a un quiebre en el paradigma de dominación y control de la naturaleza, poniendo en evidencia la relación compleja y multicausal entre las sociedades humanas y su entorno —natural y construido—. La noción de progreso también se ve trasformada en la tensión entre estos paradigmas que vinculan al ser humano con la naturaleza: en un extremo el progreso social se asocia al progreso científico–tecnológico como consecuencia directa; pero la noción de progreso se diluye en la incertidumbre que caracteriza a la modernidad tardía y el contexto de riesgo de múltiples dimensiones que la constituye, de tal manera que el progreso pierde su carácter y vocación universales.

El discurso que originalmente se colocaba en las exposiciones ahora resulta contradictorio, difícil de mostrarse coherente y consistente: intentan responder con un discurso que promueve el desarrollo científico y la innovación tecnológica como garantes del bienestar futuro y, a la vez, se ven obligadas a mostrarse comprometidas con la salvaguarda de los riesgos ambientales. La sustentabilidad y el equilibrio, manifiestos en los discursos de las naciones y corporaciones, no son compatibles con las prácticas de desarrollo científico y tecnológico en los ámbitos internacional y trasnacional, que parecieran estar orientadas más bien por el paradigma del dominio, la explotación y el sometimiento de la naturaleza.

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Instituciones

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La Cumbre de Río 92 marca el camino a la construcción de un discurso hegemónico y homogéneo en torno al problema ambiental; es terreno de lucha en el que se manifiestan las discrepancias entre los países en desarrollo (el grupo de los 77) y los países desarrollados, pero también hacia el interior de los diferentes grupos que los integran. Las dificultades para conciliar intereses y formular posibles acuerdos redunda en que los países ricos acaban imponiendo su hegemonía tanto en el plano normativo como en el discursivo, promoviendo la difusión de una concepción del ambiente y su problemática global en asociación con el desarrollo sostenible, que se fortalecería en los siguientes años y se mantiene hasta el momento actual.

En 1994 el BIE hace la recomendación puntual a los organizadores de exposiciones futuras de privilegiar en sus temas centrales lo vinculado con “el medioambiente y su importancia para el mundo”: los procesos de institucionalización de lo medioambiental alcanzarían así a las exposiciones.

En 1998 se organiza la Exposición de los Océanos en Portugal, visibilizando la problemática de los ecosistemas acuáticos; el año 2000 es la fecha que marca la incorporación intencionada, en una expo de grandes dimensiones reconocida por el BIE, del problema medioambiental global como objeto central y predominante del dispositivo.

En 2002 se efectúa la Cumbre Mundial del Medioambiente en Johannesburgo, referida como Río + 10, y cuyos planteamientos axiales sirven para confirmar la tendencia hacia el desarrollo sostenible y marcan la consolidación del giro hacia la economía en la institucionalización del problema ambiental global.

El informe del IPCC de 2007 afirma y muestra con 99% de certeza que las causas del calentamiento mundial son antropogénicas. El 12 de octubre de 2008 se le otorga el premio Nobel de la Paz a Al Gore, político y activista, y a los más de tres mil científicos que integran el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático. El Comité Nobel, en su discurso, pone especial énfasis en la labor de los ganadores del reconocimiento para “construir y divulgar un mayor conocimiento sobre el cambio climático causado por el ser humano”. Este Premio Nobel coloca el calentamiento global y el cambio climático como asuntos medulares en la escena mediática durante varios meses.

La ONU declara la década 2005 a 2015 como La Década del Agua, y la ciudad de Zaragoza es designada sede del Secretariado de Naciones Unidas para La Década del Agua. En este contexto global se realiza la Expo Zaragoza 2008. En 2009 la ONU declara el 22 de abril como el Día de la Madre Tierra e inicia el sitio y programa Harmony with Nature. Planteamientos que, para entonces, ya están siendo colocados como parte de los discursos de la Expo Shanghai 2010.

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Movimientos sociales

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En 1989 tiene lugar una nueva trasformación del orden mundial, reflejada en la caída del Muro de Berlín, con la consecuente expansión del neoliberalismo como modelo económico y proyecto global. Los movimientos sociales ambientales y los procesos de institucionalización han colocado ya al problema ambiental en la esfera pública y en el espacio público en el mapa mundial. Después de Río 92 se transita de la dimensión técnica a la dimensión política del conflicto. Los informes del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático sobre el calentamiento global, a partir de 1990, contribuyen a dar al tema una importante presencia mediática y a generar debates y controversias en la opinión pública, así como a su creciente incorporación en la agenda de gobiernos y organismos internacionales.

En Zaragoza, durante el verano de 2008, confluyen acciones y discursos sobre el agua en diversos escenarios, con visiones y propuestas en debate, en el contexto de una larga historia de luchas y disputas por las formas de acceso, distribución y gestión del agua en la región. Zaragoza, la capital del agua, como propone el discurso oficial de la exposición, lo es desde múltiples ángulos y facetas, visibilizados y mostrados a través de la expo, en un complejo juego de poder y tensiones no siempre visibles para el visitante o el habitante de la ciudad.

Una de las mayores innovaciones de la expo es el Pabellón de Iniciativas Ciudadanas, El Faro, donde se reúnen grupos independientes con diversas visiones alternativas sobre las problemáticas mundiales relacionadas con el agua, desde movimientos sociales hasta organizaciones no gubernamentales y dependencias de organismos internacionales, presentando una visión crítica a las posiciones de los mismos organizadores y participantes de la expo. El Faro es un espacio privilegiado para observar los debates, acuerdos y negociaciones en torno a las formas de significar y dar sentido a la problemática mundial del agua y sus múltiples vertientes y manifestaciones en territorios localizados, cuyas propuestas discursivas se contrastan con las del sitio oficial de la Tribuna del Agua. Independiente de la expo, simultáneo y vinculado a ésta por el tema y por la participación de algunos actores comunes, se celebra el I Foro Mundial de las Luchas del Agua, también en la ciudad de Zaragoza.

Se registran acciones de grupos ecologistas y movimientos sociales para formar parte del discurso de la expo con una perspectiva alternativa y una actitud crítica hacia los planteamientos que integran el discurso oficial y hacia la misma expo; consiguen hacerse visibles tanto en el interior, con el Pabellón de las Iniciativas Ciudadanas, El Faro, como al exterior, con la realización simultánea del I Foro Mundial de las Luchas del Agua y el homenaje a los afectados por las luchas del agua en el Teatro Principal de Zaragoza. En la postura crítica se distinguen al menos tres facetas: las críticas desde la resistencia al modelo económico neoliberal, las alternativas que aun en una postura crítica no plantean una ruptura, y las alternativas radicales que proponen rupturas estructurales.

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Las ferias

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Sevilla 1992. En 1992 se celebra en España la gran Exposición Universal de Sevilla, que marca el regreso de las exposiciones al escenario mundial, y la primera de esa categoría posterior a la caída del Muro de Berlín. El tema es “La era de los descubrimientos” y está centrada en mostrar la importancia del descubrimiento en el desarrollo de la historia humana. La Expo Sevilla recupera y remite, de alguna manera, a la vocación de origen de las exposiciones, anclada en los principios de la Ilustración y en la búsqueda de lo universal, donde el concepto de descubrimiento habría sido elemento fundamental de trasformación en el pensamiento sobre el mundo natural y en las vías de aproximación a su conocimiento.

El medioambiente se incorpora como uno de los elementos del discurso colocado en la exposición y tiene asimismo una materialidad específica y dedicada, un Pabellón del Medioambiente, que abreva sobre todo del Informe Brundtland y los planteamientos ahí vertidos referentes al desarrollo sustentable, de acuerdo con lo registrado en el catálogo del Pabellón Temático Medioambiente. En el discurso del Pabellón emergen objetos discursivos como la biosfera, vinculados a la noción de riesgo, o la metáfora del planeta como “nave espacial” que nos trasporta. Se habla ya de “procesos respetuosos con el medioambiente”, de “tecnologías limpias” y del desarrollo sostenible como la vía “que hay que elegir”. Se rueda una película ex profeso para ser proyectada como parte de los contenidos: El concierto de la Tierra, dirigida por el documentalista Bayley Silleck, especialista en la materia. En el Pabellón se sitúa ya de forma explícita la preocupación por los vínculos entre economía, tecnología y ambiente. Las áreas externas de los pabellones se conectan por andadores en los que el caluroso clima sevillano del verano se contrarresta mediante pérgolas con un sistema de riego amigable con el entorno.

El medioambiente no se coloca como problema central u objeto de debate, ni se le asigna un papel preponderante en el tema de la expo.

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Hannover 2000. El discurso de la Expo Hannover 2000, cuyo lema es “Humanidad, Naturaleza y Tecnología”, basa sus argumentos en la Agenda 21, emanada de la cumbre de Río en 1992, con el giro hacia el desarrollo sustentable. En los años previos a la expo se elaboran Los Principios de Hannover, documento que tiene el propósito de sentar las bases para lo que se denominaría el diseño sustentable, referencia medular para la configuración de la Expo Hannover 2000, con importantes repercusiones hacia el exterior, marcando pautas para el diseño de espacios urbanos, tanto en Alemania como en otros países europeos. La configuración del discurso que se coloca en las exposiciones de la década reciente en torno a lo medioambiental abreva, sobre todo, de los informes de los procesos de institucionalización concretados en las cumbres mundiales.

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La Expo Zaragoza 2008, con el tema Agua y Desarrollo Sostenible, se realiza en el Meandro de Ranillas de la ciudad de Zaragoza, del 14 de junio al 14 de septiembre de 2008. Es clasificada por el BIE como Exposición Internacional Reconocida; la diferencia entre esta categoría y la de las Exposiciones Mundiales Registradas está en la reglamentación: la superficie autorizada es de 25 hectáreas, la duración máxima es de sólo tres meses y el país anfitrión es el que construye el recinto y proporciona los espacios a los países y organizaciones invitados.

En la expo se aborda el asunto del agua como elemento natural, como recurso y como derecho, como objeto de disputa y símbolo de encuentro, como problema insoslayable en el mundo actual, asociado a problemáticas de desarrollo y subsistencia. Además, se valora la gran cantidad de documentos disponibles, el idioma y la factibilidad de una visita presencial al recinto, así como la posibilidad de entrevistar a actores que participan en posiciones relevantes en la organización y ejecución, y asociaciones y grupos sociales que se sitúan en posturas críticas dentro y fuera de la expo.

En el ambiente político en que surge el proyecto de hacer una exposición internacional en la ciudad de Zaragoza se entrelazan los propósitos y los intereses de los gobiernos y partidos políticos de España en varios niveles: el gobierno local de la ciudad de Zaragoza, el de Aragón y el español. De tal manera que la urgencia que rodea la constitución del dispositivo, en una primera aproximación podría considerarse que responde a la necesidad de la colocación de la Comunidad Autónoma de Aragón y la ciudad de Zaragoza a escala internacional, para lo que se proponen al menos dos grandes iniciativas: un centro logístico de empresas y una exposición internacional. El objetivo manifiesto del gobierno local es la trasformación urbanística de la ciudad, según refiere Pellicer: “La idea de hacer una exposición internacional se concibe en primer lugar por parte de personas que están trabajando en el mundo de la política local, en el ayuntamiento, etcétera, como un motor de trasformación urbanística en la ciudad. Teníamos un proyecto que era el de restablecer un orden, la relación entre la ciudad y el río”. La posibilidad de una exposición internacional se vislumbra entonces como la estrategia para conseguir recursos que permitan guiar el programa de trasformación urbana hacia la integración del río en la vida de la ciudad, a través de un plan de recuperación de las riberas.

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Respecto de la necesidad de recuperar el río y su incorporación a la vida de Zaragoza, se menciona el proyecto de acondicionamiento de las riberas del Ebro, cuyo fin sería “convertir el río en la calle principal de Zaragoza”.

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Shanghai 2010. El tema de la exposición que se celebra en esta gran ciudad china es el de la ciudad sustentable. La idea original del dominio, control y predicción de la naturaleza del discurso colocado en las exposiciones del siglo XIX se ha trasladado, en el discurso de las exposiciones de las décadas recientes, a la preocupación por la convivencia armónica entre orden natural y humanidad. Celebrada del 1 de mayo al 31 de octubre, es a la vez punto de partida y escenario de llegada de esta investigación, es el develador principal del problema que le da origen. El tema es “Mejor ciudad, mejor vida”, con la ciudad como objeto central de análisis y exhibición, en torno al que los países, empresas y organizaciones internacionales presentan sus perspectivas y posturas con respecto a las problemáticas urbanas actuales.

Las condiciones históricas en que se efectúa la Expo Shanghai en 2010 se insertan en una compleja trama de relaciones; los procesos de mundialización e interconexión en múltiples escalas en el escenario contemporáneo obligan a poner en cuestión una aproximación analítica segmentada, por actores o por dimensiones, ya que por una parte se ubica una densa imbricación de papeles y funciones entre países, organismos internacionales y corporaciones, y por otra, el tejido de interconexiones aproxima y condensa puntos estratégicos en el mapa global, a la vez que desdibuja y excluye regiones enteras. Esto demanda por lo menos el intento de mantener una mirada panorámica que, además, cambie constantemente la escala de aproximación.

Así, las condiciones que podrían ubicarse como detonadoras de la urgencia de realizar una exposición en China a principios del siglo XXI están inmersas, desde una perspectiva que reduce la escala y amplía el territorio, en medio de una crisis global pluridimensional, en la que la crisis económica y la crisis del ambiente adquieren una centralidad destacada a escala mundial desde la última década, tanto en el ámbito académico como en el espacio público y los medios de comunicación.

Shanghai aparece como un objeto de análisis con amplias posibilidades de abordaje y profundización: como ciudad anfitriona de la mayor exposición universal de la historia, cuyos procesos de reconfiguración en el ámbito urbano, derivados de este evento de proporciones y alcances globales, empiezan a planearse y desarrollarse desde diez años antes; como proyecto de ciudad global o “exópolis”, en donde las especificidades espaciales de la globalización urbana se manifiestan de forma peculiar, atendiendo al contexto político y económico de la China actual. La arquitectura y el diseño urbano en Shanghai son una hibridación de los discursos espaciales occidentales y las decisiones racionales de un gobierno oriental autoritario. Se fusionan asimismo la espacialidad derivada de la inserción de grandes centros de consumo —firmas europeas y estadounidenses están representadas en casi todos los ámbitos comerciales— con la distribución racional de los espacios públicos —parques, museos, centros deportivos, teatros—, los habitacionales y los administrativos; los rascacielos descomunales y la estructura solemne de La Corona de Oriente, el Pabellón Chino, ofrecido al mundo como “un lugar para enriquecer la experiencia espiritual de las personas”.

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La distinción fundamental en la Expo de Shanghai es la intención de considerar destinatario principal al habitante de China, pero intentando incluir también al visitante cosmopolita, mostrando una imagen de país cuidadosamente construida en la vanguardia de la tecnología ecológica y de las propuestas de ciudad de armonía, que llevan a la posibilidad de realización de una civilización ecológica. Si en exposiciones anteriores la ciudad aparece de manera implícita como el lugar desde el que se piensa y se propone la relación con la naturaleza, en esta expo se plantea de forma explícita la situación privilegiada del urbanita para definir las formas de interacción con el medio biofísico, y al espacio urbano como la arena de lucha sobre los significados y destinos de lo ambiental. La ciudad se construye en el discurso de la expo más que como territorio o espacio de prácticas sociales, como sujeto de acción y agencia, promotor de procesos y trasformaciones y agente de intermediación en la relación sociedad–naturaleza.

Las exposiciones universales, en su carácter de dispositivos de visibilización y propuesta simbólica de modelos de mundo, han servido de festivas estaciones de un viaje a través del accidentado terreno de la modernidad, mostrando en sus últimos puntos de llegada, aun contra sus propósitos, un panorama cada vez más desalentador. En la genealogía de los actuales discursos de las relaciones sociedad–naturaleza ha sido posible dilucidar cómo estos discursos llegan a ser lo que son.


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